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Medicina con sentido por Javier Rocha


¿Cúal es la mejor medicina?

Los seres humanos nos sentimos cómodos formando parte de grupos e identificándonos con ideas, alineándonos en bandos. Esto también se refleja en la medicina actual. Desde que inicié mis estudios en…

Origen: ¿Cúal es la mejor medicina?

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¿Cúal es la mejor medicina?

Los seres humanos nos sentimos cómodos formando parte de grupos e identificándonos con ideas, alineándonos en bandos. Esto también se refleja en la medicina actual. Desde que inicié mis estudios en la facultad en el año 2000, en ocasiones he visto el recelo con el que desde la formación convencional se mira a las llamadas terapias alternativas. Más tarde observé también recelo hacia la medicina convencional por parte de defensores de la medicina natural. A veces cuando acudo a charlas o seminarios creo que por momentos sólo hablan conflictos ideológicos estructurados en patrones mentales.

Durante mi experiencia profesional he visto numerosos casos solucionados con uno u otro de los dos tipos de medicina y, quizás lo más importante, fue la combinación de ambas la que resultó efectiva en otras ocasiones.

¿Por qué rechazar una u otra, si todas pueden ayudar?

Pues mi respuesta es; por creencias que las personas desarrollamos y que nos impiden ver y entender ciertos aspectos clínicos.

Creo que las personas que evolucionan son las que aceptan lo actual y están abiertas a lo que en teoría parece irracional. Los grandes descubrimientos y avances de la ciencia fueron producidos por seres humanos que abrieron su mente y dejaron que entrara lo nuevo porque lo viejo los limitaba. Creer es bueno pero solo creer en que solo existe lo que tú crees es un estancamiento evolutivo.

Entonces… ¿Cuál es la mejor medicina?

Pues la respuesta es la que cura y la curación puede llegar por muchos caminos. Un animal o una persona pueden equilibrarse con tratamiento homeopático, esencias florales, un antibiótico, reiki, ozonoterapia, simplemente mejorando su dieta, un cambio de sentir y en muchas ocasiones haciendo una combinación de varios.

Lo que yo quiero plantear es que todo puede ser válido si se hace con sentido. No debemos permitir que nuestros patrones mentales nos impidan entender el sentir de una persona o un animal durante su curación. La confianza en el tratamiento es una energía de equilibrio que no podemos desaprovechar y que debemos sumar a la nuestra propia. Hace una semanas en una ponencia dada por el neurólogo Javier Aizpiri, nos comentaba los resultados de un estudio sobre personas con depresión. En este estudio se reflejaba que el 42 % de las personas mejoran por el efecto placebo, y solo un 9% más con el tratamiento convencional. Este y otros estudios como el ya famoso llevado a cabo en la Facultad Médica de Baylor publicado en 2002 en la revista New England Journal of Medicine *( Moseley, 2002).En el cual los pacientes con dolor crónico de rodilla que se les simulaba una cirugía y pensaban que habían sido operados cuando en realidad los habían dormido y simplemente hecho dos incisiones , mejoraban en índices de dolor y movilidad articular como los que realmente fueran intervenidos . Demuestran una vez más la capacidad natural que los seres humanos tenemos para el equilibrio cuando nos comprometemos con un plan de curación. La confianza en este plan es fundamental.

En muchas ocasiones me encuentro con personas que ya han asumido que su enfermedad o la de su animal son incurables. Hubo un día en el que se creyeron esto y desde ese día dejaron de buscar el equilibrio. Creo que todo proceso puede mejorar si se hace con sentido. Sugiero que el cambio de enfoque ante un problema clínico puede traer la solución; este cambio muchas veces abre un camino de aprendizaje que hace que las personas nos volvamos a motivar en nuestro plan de curación.

Por lo tanto, considero que la mejor medicina depende de la situación clínica, el criterio y la confianza del profesional, sumados a la confianza y al sentir del paciente. Es en este trabajo de equipo en donde puede surgir el tratamiento que lleve al
equilibrio hasta en situaciones a priori muy complicadas.

Javier Rocha
Coach para la Identidad y Posicionamiento Personal
Veterinario y terapeuta especializado en terapias naturales.

ralaya.com

*A Controlled Trial of Arthroscopic Surgery for Osteoarthritis of the Knee
J. Bruce Moseley, M.D., Kimberly O’Malley, Ph.D., Nancy J. Petersen, Ph.D., Terri J. Menke, Ph.D., Baruch A. Brody, Ph.D., David H. Kuykendall, Ph.D., John C. Hollingsworth, Dr.P.H., Carol M. Ashton, M.D., M.P.H., and Nelda P. Wray, M.D., M.P.H.
N Engl J Med 2002; 347:81-88July 11, 2002DOI: 10.1056/NEJMoa013259

http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa013259#t=article


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Tratamientos naturales, sencillos y efectivos para traumatismos y fracturas.

Existe la creencia de que la homeopatía y la medicina natural en general no funcionan al momento, es decir que son lentas. En ocasiones es así porque gran parte de las enfermedades tratadas con medicina natural suelen ser procesos degenerativos y crónicos con mala respuesta a la medicina convencional. Pero si hablamos de problemas osteoarticulares, la homeopatía puede ser increíblemente rápida.

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Uno de los medicamentos más sorprendentes por su rapidez de actuación es el ya famoso homeopático Árnica Montana. Es increíble su efecto si se administra en los diez primeros minutos tras un golpe. He visto en numerosas ocasiones cómo después de fuertes impactos no se desarrolla inflamación ni hematoma y se produce un gran control del dolor. Recomendación: tener en casa siempre Árnica 9ch o con otra dilución.

 

Otro medicamento homeopático de acción sorprendente es Symphytum officinale, llamado el “unehuesos” porque es increíblemente efectivo en la consolidación de fracturas. Una vez tuve un caso tan espectacular que a día de hoy me cuesta creerlo.

 

Una tarde llegó a la consulta un conejo con múltiples fracturas en sus extremidades, no se podía poner en pie. Recuerdo que ese día teníamos mucho trabajo y que no sabía cómo solucionar esas lesiones, así que decidí ganar tiempo para pensar la manera de diseñar unas férulas especiales. Lo mandé para casa con analgésico inyectable y con unas gotas de Symphytum que tendría que tomar varias veces ese día. Al día siguiente el conejo no regresó, yo supuse que el dueño vio la situación muy difícil y decidió no gastar en veterinarios. Después de un par de meses me encuentro con él por la calle y me dice que no acudió a la consulta porque el conejo a la mañana siguiente se ponía en pie y a los dos días caminaba. Yo le pregunté varias veces si era verdad lo que me contaba, me aseguró que sí y que nadie le había cambiado su querido conejo por otro. Al final me lo creí, teniendo presente el metabolismo acelerado de estos animales y porque ya había visto cosas brutales con este medicamento. En enero de 2010 viví la resolución de una fractura triple de tibia en tiempo récord, nunca se me olvidará ese caso. Se llamaba Rumba y era una bóxer de 4 meses. (Si quieres leer este caso clínico pincha aquí)

 

Symphytum, aparte de ayudar a soldar las fracturas, también ayuda con el dolor y la inflamación en procesos agudos y crónicos como la artrosis. En el único caso en el que no recomiendo este medicamento es cuando tenemos una fractura desalineada que se va a operar. No se debe dar Symphytum antes de la cirugía porque te puedes encontrar con un callo óseo increíble. Después de la cirugía está muy indicado.

La dilución a utilizar depende del caso, sorprendentemente el Symphytum 200 ch controla bien el dolor crónico. En los casos agudos una dilución más baja (5 ch o 7 ch) está bien.

 

Podemos encontrar estos dos productos en un medicamento muy utilizado y con buenos resultados llamado Traumeel (compuesto anti-homotóxico con varios homeopáticos en diluciones decimales). Como en el caso de Árnica Montana, cuanto antes se administre después de producirse la lesión, mejor. Lo podemos encontrar en pastillas, gotas, pomada e inyectable. Esta última opción es muy interesante para el uso en clínica.

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Para complementar este pequeño artículo me gustaría mencionar lo que aportan los condroprotectores con respecto a la osificación y el control de la artrosis post-quirúrgica. Estos son compuestos a base de glucosamina, ácido hialurónico, condritin sulfato, vitaminas, oligoelementos, así como aceites omega. Dan muy buen resultado, ya que nutren el hueso y ayudan a que las células funcionen correctamente. Existen a día de hoy muchos en el mercado. Yo recomiendo los que están formados por productos naturales, para mí funcionan mejor. Me gusta especialmente Mesoflex Forte.

 

En resumen:

Arnica Montana 9 ch: gran efecto si se toma en los diez primeros minutos después del traumatismo. Ayuda en todo proceso postraumático.

 

Symphytum officinalis: el unehuesos, muy útil para osificar y controlar el dolor.

 

Traumeel: buena alternativa a la Árnica y Symphytum, ya que ambos se encuentran en su composición. Aunque personalmente en casos de fractura me gusta utilizar los tres juntos, ya que potenciamos el efecto antiinflamatorio y analgésico.

 

Condroprotectores: nutren el hueso y el tejido de sostén, muy interesante para prevenir artrosis y hacer una buena osificación.

 

Como nota final, decir que estos medicamentos naturales se pueden combinar con las medicinas convencionales, que pueden ser muy necesarias en los primeros momentos para controlar el dolor y las infecciones en fracturas abiertas. Según mi experiencia, cuando son usados en conjunto reducen en gran medida el tiempo de toma de analgésicos, antiflamatorios y antibióticos.

Caso clínico de Rumba, ejemplo del uso de estas medicinas en combinación.

 

Javier Rocha (Veterinario especializado en medicina natural y Coach Transpersonal)

veterinarianatural@javierrocha.org

descubreveterinarianatural.com


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El Gato que se duerme en la consulta

Había oído hablar de ello, pero nunca lo había experimentado, hasta que un día sucedió. Lo recuerdo muy bien, Guti ( un felino de raza persa ) acudía a mi consulta después de tres años tomando antibióticos , antifúngicos y corticoides. El presentaba un cuadro alérgico atópico con picor e infección constante en la piel. Los dueños me relataron su historia con aire de desesperación, llevaban muchas consultas y probado muchos tratamientos. Mientras escuchaba el historial, Guti reposaba tranquilo en la mesa de exploración, la sensación era como que la cosa no iba con él. Después de cinco minutos sucedió, vi al primer gato de mi vida dormir en la mesa fría de acero de la consulta. Me pareció fascinante ese sueño, como tenía la tranquilidad para dormir profundamente en una situación teórica de estrés.
Los veterinarios sabemos que muchos gatos están nerviosos en consulta; es más creo que todos hemos vivido alguna vez la situación de un gato alterado corriendo descontrolado y hemos recibido algún arañazo y mordisco. Por normal general la consulta felina debe de ser más cuidadosa que la canina.

Receté Sulfur 200 ch 2 veces al día a Guti. Lo que sucedió después me hizo confiar en la homeopatía plenamente: a los dos días, Guti estaba mucho mejor, tanto a nivel físico como emocional, y a los 4 días su piel estaba prácticamente recuperada.

 

¿Qué ha sucedido?

Guti, según la escuela homeopática era un gato sulfur. Me explico: en la homeopatía existen unos medicamentos llamados policrestos, los más importantes. Estos tratan síntomas físicos, emocionales y mentales. Estos medicamentos están tan estudiados que la energía en que se mueven está muy descrita.

En el caso de sulfur es un medicamento que sale después de diluir mucho el azufre. Éste, al observarlo al microscopio es caótico, no guarda una estructura clara. Los gatos Sulfur son un poco así, es decir no son los típicos felinos meticulosos, sigilosos y limpios. Su carácter es tranquilo, simpático, les gusta comer y no suelen manifestar miedo. Si vienen visitas a casa no corren a esconderse. Es más, si el invitado desconocido se sienta a su lado, él ni se inmuta. Los animales sulfur se adaptan a las situaciones. Curiosamente, como se adaptan a todo también lo pueden a hacer a la suciedad, no se acicalan mucho y puede hacer sus necesidades en cualquier sitio fuera de la arena.

Cuando un animal sulfur enferma, cambia su comportamiento y uno de los primeros signos que he notado es que se vuelve solitario, se alejan de la familia. Empieza a frecuentar y dormir en lugares extraños, para de acicalarse lo poco que lo hace y se vuelve huraño. Más tarde aparecen signos físicos entre los que destacan los problemas de piel. Sulfur es uno de los grandes medicamentos en dermatología por no decir el más grande.

Guti manifestaba todos estos síntomas y la toma del homeopático lo equilibró totalmente.

Comentar que durante mi experiencia clínica han sido varios los gatos tratados con este sencillo tratamiento. Cuando el animal está en las características de sulfur, el resultado es espectacular. Se equilibran a nivel emocional y físico. La recuperación es de película. Si el animal está malito de la piel y su emocional no es de sulfur, el medicamento homeopático ayuda, pero no de forma tan sorprendente como en el caso de Guti.

 

Otro caso que recuerdo bien es Ridick, gato sulfur que llegó con este mismo historial. Se le dió sulfur y se curó. A día de hoy cuando Ridick empieza a cambiar su comportamiento, alejarse y volverse excesivamente pasivo, sus dueños  le administran el sulfur. Ridick se equilibra y vuelve a la normalidad. Es increíble lo sencillo que es tratar a estos animales de características sulfur.

Ridick un gato sulfur

Ridick un gato sulfur

Existe mucha polémica con respecto a si la homepatía es un placebo. En mi experiencia profesional he visto como esta disciplina ayuda de forma clara a la recuperación del equilibrio. Por este motivo planteo tres cuestiones:

Si es un placebo y funciona, ¿ cuál es el problema?

Si es un placebo, ¿por qué funciona en los animales?

¿Por qué a ciertos sectores les molesta tanto que una persona o un animal se ayuden de la homeopatía para curarse?
Espero profundizar en esto y en por qué funciona la homeopatía en un próximo post.

Javier Rocha (veterinario especializado en medicina natural y Coach Transpersonal)

veterinarianatural@javierrocha.org

 


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La importancia de la salud intestinal

Una vez, durante un seminario de fin de semana sobre medicina ortomolecular, escuché a un médico decir que las personas se mueren por el intestino. La verdad es que estas palabras poco a poco fueron teniendo sentido para mí cuando entendí y experimenté la importancia del equilibrio intestinal.

Cada vez el número de personas alérgicas y con procesos degenerativos va en aumento. Seguro que conoces un niño asmático o alérgico, a una persona con problemas de piel, reuma u otras enfermedades degenerativas. Y sabes de alguien que tiene un perro con dermatitis atópica, alergia o problemas articulares como artritis, artrosis, etc. Casi siempre que nos encontramos con este tipo de casos la solución parece complicada, en la mayoría de las ocasiones se asume la enfermedad como crónica e incurable.

En el libro La alimentación, la tercera medicina, del doctor Jean Seignalet, se expone de manera brillante por qué nuestra dieta está relacionada con ciertas enfermedades. Él dice que nuestra alimentación actual es muy diferente de la que se realizaba ancestralmente. Pensemos que nuestro cuerpo y nuestra capacidad para digerir los alimentos no han cambiado desde hace dos o tres mil años. Sin embargo, los cereales que consumimos han sido modificados genéticamente, la mayoría de los alimentos que ingerimos son procesados por la industria alimentaria y el abuso de productos refinados, como por ejemplo el azúcar, es habitual en nuestra dieta diaria. Aparte de la mala alimentación tenemos que tener en cuenta el uso de antibióticos y de otros químicos durante este último siglo, que provocan alteraciones en la flora intestinal, necesaria para realizar una buena nutrición.

En el intestino viven unas bacterias beneficiosas que nos ayudan a digerir la comida. Estas bacterias realizan la importante función de fermentar los alimentos y así poder digerirlos. Lo que sucede es que, debido a nuestra alimentación y a nuestro estilo de vida, esta fermentación se convierte en putrefacción. Dichas bacterias son sustituidas por otras no saludables o por el ya famoso hongo cándida. Cuando se produce esta situación en un intestino, se forman una serie de toxinas que acidifican el medio, provocan inflamación intestinal y después pasan al torrente circulatorio.

En la mucosa intestinal se encuentran las Placas de Peyer, que son cúmulos de tejido linfoide. Su función es reconocer, absorber antígenos y patógenos y desencadenar respuestas específicas al antígeno o al patógeno en la mucosa. Dicho con otras palabras, en estos lugares se almacenan y se generan defensas para contrarrestar las agresiones al organismo.

Yo personalmente a las Placas de Peyer me las imagino como una fábrica- almacén que va produciendo y mandando soldados según la necesidad. Entonces veo un intestino al que día a día llegan grandes cantidades de alimentos difíciles de digerir. Las bacterias beneficiosas originales empiezan a estar cansadas y cada vez les cuesta más mantener el equilibrio. Un día aparece un antibiótico y la bacteria beneficiosa cansada se muere. Pasan los días y en el lugar dejado por ella crece otro microorganismo, en este caso un hongo cándida. Éste empieza a tener familia y entre todos cada vez acidifican más el medio, complicando así la supervivencia del resto de las bacterias beneficiosas. Entonces empiezan a aparecer gases putrefactos y bacterias maliciosas, que crecen y crecen dejando arrinconadas a las ya exhaustas bacterias beneficiosas. Entonces tenemos ¡la guerra!, o por lo menos eso es lo que piensan los dirigentes de las Placas de Peyer, que al observar el terreno deducen que están siendo atacados por numerosos microorganismos extraños. El intestino se inflama, las bacterias y las toxinas generadas por su actividad traspasan la pared intestinal, donde se encuentran frente a un ejército de soldados cada vez mayor, que intenta controlar el ataque. Cada soldado (inmunoglobulina) se une a una toxina o bacteria formando una molécula que pasa al torrente circulatorio. Dichas moléculas resultantes de la batalla se distribuyen por el organismo: en primer lugar se acumulan en órganos excretores o de limpieza (riñón, hígado), pero cuando estos están muy sobrepasados se dirigen a otros lugares como las articulaciones, el pulmón o la piel. En esta situación es cuando aparecen enfermedades como asma, dermatitis atópica y problemas degenerativos en articulaciones. En dichos lugares el acumulo de estos complejos (anticuerpo-antígeno) provoca la acidez del entorno y una respuesta inflamatoria que puede manifestar dolor como en la artritis, el reuma y la artrosis.

Según esta realidad, lo que tenemos detrás de ciertos procesos patológicos es un intestino en desequilibrio que está generando toxinas en el organismo. La medicina convencional controla estos procesos con el uso de corticoides, los cuales desinflaman el organismo, pero este trabajo no es curativo. Digamos que los corticoides simplemente lo que hacen es disminuir el número de soldados enviados desde las placas de Peyer, por lo que no se forma el complejo anticuerpo-antígeno. El problema del desequilibrio sigue en el intestino y las toxinas siguen accediendo al torrente circulatorio.

Yo personalmente veo el efecto del corticoide como cuando tenemos la casa sucia y la tenemos que limpiar. Digamos que el corticoide es como cuando barremos para debajo de las alfombras o los muebles. El problema sigue ahí aunque la sensación al observar la casa sea de limpieza. Si seguimos con esta táctica, cada vez iremos acumulando más suciedad a la hora de barrer. Llegará un día que ya no tengamos mas espacio y ese día ya no podremos ver la casa limpia por mucho que barremos y barremos.

Por este motivo tenemos que sacar la suciedad fuera de casa. Esto se hace limpiando el intestino y desintoxicando el organismo al apoyar la función del hígado y del riñón.

En resumen, la mayoría de las enfermedades degenerativas se producen por un exceso de toxinas y por una respuesta desmedida del organismo cuando ya no es capaz de regularse. Durante mi experiencia clínica como veterinario, he visto cómo numerosos procesos patológicos complicados (incluido el cáncer) mejoraban cuando el concepto de limpieza intestinal estaba en el tratamiento, así como la reducción o eliminación de ciertos alimentos como los lácteos, el trigo y otros, dependiendo del animal.

El objetivo de este artículo era introducir la importancia del equilibrio intestinal para la salud, por lo que no voy a describir ningún protocolo de tratamiento. Existen varios en la medicina humana que pueden ser aplicados a la veterinaria, pero en este caso recomiendo el asesoramiento de un profesional, ya que las dosis pueden ser muy variables, dependiendo del animal.

Javier Rocha (veterinario especializado en medicina natural y Coach Transpersonal)
descubreveterinarianatural.com

Para mas información:
veterinarianatural@javierrocha.org

 


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La eutanasia, ¿ha llegado el momento?

Esta pregunta me la he planteado muchas veces a lo largo de mi vida profesional.

Recuerdo una vez en la que un cliente, al que le tengo un especial aprecio, me llamó para realizarle la eutanasia a su perro. Éste tenía un cuadro clínico extremadamente complicado, presentaba un cáncer de hueso muy severo. Llegué a la casa y observé a los dueños apenados, estaban decididos a dar este último paso debido a la situación, así que accedimos a la zona donde nos esperaba el animal. Cuando lo observé sentí que de alguna manera él aceptaba su situación clínica, pero que aún no estaba preparado para dar ese paso. Esa fue mi sensación, apenas llevaba unos meses trabajando y la verdad es que si se valoraba la situación con un sentido normal, la opción de la eutanasia era la más acertada. Así pues, me dispuse a ello con todo mi cariño. Cuando ya estaba todo a punto, inicié el proceso con una dosis generosa. Lo que sucedió me dejó frío. El animal luchaba contra el eutanásico, por lo que le costaba dormirse. Debido a esto, administré otra inyección, la dosis era ya el doble de lo normal. Con esta, el animal se quedó dormido como si de una anestesia se tratara, pero no dejaba de respirar. Yo permanecía incrédulo, descolocado emocionalmente, no era capaz de asimilar la situación. Entonces pensé en administrar más producto, el problema era que no lo llevaba conmigo. Recuerdo que llamé por teléfono por si algún compañero me lo podía acercar, pero nadie estaba por aquella zona. Así que, resignado, volví al lugar donde se encontraba el animal. Allí, los dueños, que estaban intranquilos como yo, intentaban ayudarme en el proceso porque veían lo mal que lo estaba pasando. Ante esta situación lo que hice fue sentarme al lado de la cabeza del perro y observar su respiración (se encontraba dormido). No tenía más eutanásico, por lo que decidí serenarme y esperar a su lado para ver como evolucionaba. En ese tiempo lo único que me quedaba, tal y como se dice coloquialmente, era rezar. Mientras acariciaba su cara le hablé mentalmente, le pedí perdón por todo lo que estaba pasando y le dije que era libre para marcharse, que sus dueños lo querían y que habían decidido esto porque lo veían sufrir. La verdad es que, después de esto, dejó de respirar.

Desde este día siempre hablo a los animales en el momento de la llegada de su muerte. Con el tiempo me he dado cuenta de que ellos a veces tienen miedo a ese proceso y que no están preparados. Por este motivo, acompañarlos transmitiéndoles tranquilidad y seguridad es muy importante.

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Hubo otro animal que también me dio una lección que nunca voy a olvidar. Ocurrió un sábado, hace cuatro años. A primera hora de la mañana, ingresó de urgencia un perro cruce de sabueso y grifón en estado de shock, con dolor y convulsiones extremadamente fuertes. Los anticonvulsionantes habituales no le hacían nada. La situación era tan complicada que decidí inducir un plano anestésico profundo como último recurso para controlar las convulsiones. A lo largo de la mañana, en cuanto al animal se le suavizaba el efecto del anestésico, volvía a convulsionar. Por los datos clínicos todo pintaba muy mal, así que el dueño me dijo “Javier, haz lo que consideres oportuno, lo dejo en tus manos”.

El plan consistió en ir viendo cómo evolucionaba a lo largo de la jornada. Eran las seis de la tarde y la situación continuaba sin mejorar. Es más, empeoraba, se necesitaban mayores dosis de medicación para mantener las convulsiones y triples dosis de fuertes analgésicos. Conmigo estaba mi gran amigo Jaime, también veterinario, que había venido a hacerme una visita de las suyas. Ante esta situación, la eutanasia parecía lo indicado. Como había tenido otras experiencias anteriores y ya había desarrollado por esa fecha un buen método de testaje, decido realizar un test radiestésico al animal. El resultado era que quería la toma de dos homeopáticos y ni hablar de la eutanasia. Decidimos confiar en lo testado y así lo hicimos. A las dos horas no nos lo podíamos creer, el perro estaba despierto, sentado y no convulsionaba. Recuerdo perfectamente su mirada fija puesta sobre nosotros.Yo, incrédulo escuché a mi amigo Jaime decir “Ahora sí creo en estas cosas”. Al día siguiente, el perro caminaba y el dueño no se explicaba cómo podía hacerlo. Este animal vive a día de hoy.

He hablado de dos casos en los que la eutanasia parecía la solución ideal y después se vio que no era así. Existe también la situación en la que un dueño no deja que su animal se vaya. Esto lo he vivido muchas veces, el apego de la persona y el miedo a la muerte hacen que este proceso sea más difícil. Durante el mismo, he visto cómo algunos animales simplemente están esperando a que su dueño esté preparado. Normalmente, cuando la persona acepta la situación, el desenlace es armonioso. Si, digo armonioso. Ver y sentir cómo dejan este mundo es una lección que nos regalan con todo su amor.

Estas palabras están basadas en la experiencia de una persona llamada Silvia, hacia la cual siento una gran admiración. Silvia tenía dos perritas (kopy y Badú), durante estos tres últimos años he visto cómo cada día aprende de la convivencia con sus animales. Recuerdo como fue el proceso cuando se murió Kopy (Badú, a día de hoy, vive). Días antes, Silvia estaba nerviosa porque intuía que su compañera llegaba a su fin. Preocupada por su animal, me llamó y comentó la situación. Yo, que conocía bien el caso, decidí hacer un testaje y darle la información que había sentido. Le di un tratamiento muy emocional con esencias florales y homeopatía para preparar a la perrita, ya que por mi experiencia, los animales tratados con estas terapias naturales afrontan de una manera muy equilibrada el proceso de la muerte. Hablé con Silvia y le dije que teníamos que estar tranquilos y esperar a que kopy marcara sus pasos.

En estos casos siempre recomiendo que nosotros, las personas, hablemos con nuestro animal para darle las gracias por su compañía y por todo lo vivido; después, que le pidamos perdón por si alguna vez no hemos hecho las cosas bien; y por último, lo liberemos de nuestro lado diciéndole que es libre para marcharse. Creo que estas tres cosas son muy importantes en este proceso de despedida. Silvia hizo todo esto, pero su intranquilidad con la muerte en general hacía que estuviese un poco asustada. Dos o tres días después, me llamó para decirme que su perrita se acababa de morir en casa, que lo había hecho de una manera tranquila y hermosa, sin sufrimiento. Simplemente se había ido con mucha serenidad. Sentí una emoción inmensa por la lección que Kopy nos acababa de dar. Recuerdo muy bien que Silvia me dijo “Javi, mi concepto sobre la muerte ha cambiado”.

Muchas veces los seres humanos tenemos la oportunidad de aprendizaje personal de ver morir a nuestras mascotas. Si, suena duro, pero si lo reflexionas verás que nos enseñan tanto acerca de este proceso que nos ayudan a asimilar la muerte como un paso más de la vida. Este fue el caso de Silvia y otras personas con las que compartí momentos similares.

 

Para finalizar, me gustaría resumir la respuesta a la pregunta planteada en el título de este post. La eutanasia puede ser necesaria en determinadas ocasiones, ya que evita sufrimientos innecesarios. En ocasiones, el propietario retrasa esta decisión porque no quiere separarse de su animal y porque tiene un concepto de la muerte equivocado, en el que el miedo está muy presente. En estos casos suele haber síntomas de que el animal no quiere seguir aquí, por ejemplo no come, rechaza las medicaciones, está triste, pasivo, no mueve la cola, etc. Otras veces nos precipitamos en esa decisión porque pensamos que por tener una enfermedad incurable o que al animal apenas le quedan quince días, no merece la pena seguir. Para nosotros son quince días, pero para tu animal pueden ser muy importantes ya que, durante estos, es cuando él se prepara, se despide y nos puede dar su última lección. Como sé que en esos momentos es difícil saber tomar la decisión acertada, yo siempre digo que confiéis en vuestra sensación más interna, no os dejéis influir por la mente o por lo que otras personas ajenas digan. Y recordad que, sea cual sea la decisión que toméis, existen tres acciones que considero fundamentales:

Dar las gracias a vuestro animal por haber compartido su vida con vosotros y por todo lo aprendido a su lado.

Pedirle perdón por si nos hemos equivocado alguna vez con él, incluso si a lo mejor en ese momento nos equivocamos con nuestra última decisión.

Por último, recordadle su libertad para marcharse y así ofrecerle nuestro verdadero amor.

Estas tres acciones, que considero fundamentales, han hecho que la tranquilidad esté conmigo siempre ante una situación donde la muerte está presente. Sé que a muchos de mis clientes también les ha ayudado y he podido ver cómo el proceso de la muerte (bien sea asistido o no) ha sido liberador. Recuerda que cuando llegue el momento en que tu animal esté cercano a su último paso, será una excelente oportunidad para ofrecerle todo tu verdadero amor y crecer como persona.

Javier Rocha ( veterinario especializado en medicina natural y Coach Transpersonal)

descubreveterinarianatural.com

Para mas información: veterinarianatural@javierrocha.org

 


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Milú: el fugitivo

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Era una tarde de Octubre del 2013 en la clínica, estábamos de relax después de un buen día de trabajo, cuando de repente entró un perro a toda velocidad,no paraba quieto y olisqueaba a toda prisa. Su dueña que se llama Irma, con cara de desesperación nos dijo: ” es que no sé qué hacer con él. Cuando se acelera , se escapa corre y corre y ya no me hace caso”.
Yo lo miré y dije “pero si tenemos a un fugitivo, ¿de qué escapas ?”. Milú seguía de un lado a otro sin parar mientras tanto Irma nos contaba su historia.

Milú es un perro adoptado después de haber sido abandonado dos veces. Su edad rondaba los tres años y medio. Desde siempre el principal problema de convivencia era su comportamiento. Él era un perro nervioso, ansioso, no le gustaba quedarse solo en casa y a la hora del paseo se escapaba corriendo sin dirección alguna. En varias ocasiones no sabían de él en todo el día. Esto acarreaba un estrés a su dueña, ya que en el momento del paseo podía ser el inicio de una aventura descontrolada. Decir que Milú no mostraba agresividad, simplemente corría y corría sin control.

La verdad que al observar a Milú recordé la descripción que la veterinaria Coral Mateo hace en su libro Homeopatía veterinaria sobre el rasgo de personalidad de Argentum nitricum. La palabra fugitivo es la adecuada para comprender a este tipo de perros. Son animales neviosos, ansiosos, con mucha energía; por lo normal no les gustan los espacios cerrados. Esto provoca que en numerosas ocasiones al salir del coche, en cuanto pueden, corren y corren. Es como si tuvieran que liberar toda la energía que fueron acumulando durante el trayecto en el vehículo. Por supuesto la casa también se les hace pequeña, pues cuando pisan la calle ponen pies en polvorosa. Son muy reactivos si se ponen malos, lo hacen a reacción, es muy singular la diarrea verdosa como una fuente que como síntoma físico muestran en varias ocasiones.

Se le receto argemtun nitricum a la 30 ch dos veces al día durante una semana.
A los 15 días , Milú nos visitó. Irma nos dijo que su perro era otro, que se había equilibrado. Ya no salía corriendo, respondía a las llamadas y su comportamiento era mas suave.

Viendo que argentum nitricum a la 30 ch había conseguido equilibrar a Milú ,se le dió durante otra semana argentun nitricum 200 ch dos veces al día para llegar a un nivel más sutil,que equilibrara de forma mas contundente a Milú. El resultado fué el esperado, se equilibrió y sin necesidad de medicación su comportamiento se volvió armónico.

Tres meses después Milú regresó a consulta porque había sufrido un episodio compatible con un ataque epiléptico (que coincide con el emocional descrito anteriormente). Se le recetó lachesis 30 ch por las mañanas, argentum nitricum 200 ch por las noches como tratamiento de fondo y un compuesto ortomolecular para mejorar la función del hígado ( durante mi experiencia he podido comprobar como apoyando la capacidad desintoxicadora del hígado este tipo de pacientes mejoran). Otra vez más el resultado fue el esperado , la epilepsia no se repitió y Milú recuperó su equilibrio.
Milú es un caso clínico en el cual la solución fue sencilla, la homeopatía funcionó a la perfección. De todas maneras me gustaría destacar un factor que, aparte de la capacidad resolutiva de la homeopatía ,creo que ayudó en la curación de Milú: la comprensión de su carácter. Cuando yo dije la palabra fugitivo ,Irma entendió como Milú vivía su vida. Esta comprensión del proceso la considero vital para solucionar muchos problemas. Comprender nos hace olvidarnos de la desesperación y entender el por qué de las cosas. Nuestra percepción del problema cambia y yo creo que esto ayuda al bienestar. Pienso que detrás de cualquier proceso patológico en nosotros mismos o en nuestros animales está la oportunidad de aprender y de hacernos conscientes de nuestra naturaleza física, emocional y mental.

Javier Rocha ( veterinario especializado en medicina natural y Coach Transpersonal)

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Para mas información:
veterinarianatural@javierrocha.org