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Medicina con sentido por Javier Rocha


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¿Cúal es la mejor medicina?

Los seres humanos nos sentimos cómodos formando parte de grupos e identificándonos con ideas, alineándonos en bandos. Esto también se refleja en la medicina actual. Desde que inicié mis estudios en la facultad en el año 2000, en ocasiones he visto el recelo con el que desde la formación convencional se mira a las llamadas terapias alternativas. Más tarde observé también recelo hacia la medicina convencional por parte de defensores de la medicina natural. A veces cuando acudo a charlas o seminarios creo que por momentos sólo hablan conflictos ideológicos estructurados en patrones mentales.

Durante mi experiencia profesional he visto numerosos casos solucionados con uno u otro de los dos tipos de medicina y, quizás lo más importante, fue la combinación de ambas la que resultó efectiva en otras ocasiones.

¿Por qué rechazar una u otra, si todas pueden ayudar?

Pues mi respuesta es; por creencias que las personas desarrollamos y que nos impiden ver y entender ciertos aspectos clínicos.

Creo que las personas que evolucionan son las que aceptan lo actual y están abiertas a lo que en teoría parece irracional. Los grandes descubrimientos y avances de la ciencia fueron producidos por seres humanos que abrieron su mente y dejaron que entrara lo nuevo porque lo viejo los limitaba. Creer es bueno pero solo creer en que solo existe lo que tú crees es un estancamiento evolutivo.

Entonces… ¿Cuál es la mejor medicina?

Pues la respuesta es la que cura y la curación puede llegar por muchos caminos. Un animal o una persona pueden equilibrarse con tratamiento homeopático, esencias florales, un antibiótico, reiki, ozonoterapia, simplemente mejorando su dieta, un cambio de sentir y en muchas ocasiones haciendo una combinación de varios.

Lo que yo quiero plantear es que todo puede ser válido si se hace con sentido. No debemos permitir que nuestros patrones mentales nos impidan entender el sentir de una persona o un animal durante su curación. La confianza en el tratamiento es una energía de equilibrio que no podemos desaprovechar y que debemos sumar a la nuestra propia. Hace una semanas en una ponencia dada por el neurólogo Javier Aizpiri, nos comentaba los resultados de un estudio sobre personas con depresión. En este estudio se reflejaba que el 42 % de las personas mejoran por el efecto placebo, y solo un 9% más con el tratamiento convencional. Este y otros estudios como el ya famoso llevado a cabo en la Facultad Médica de Baylor publicado en 2002 en la revista New England Journal of Medicine *( Moseley, 2002).En el cual los pacientes con dolor crónico de rodilla que se les simulaba una cirugía y pensaban que habían sido operados cuando en realidad los habían dormido y simplemente hecho dos incisiones , mejoraban en índices de dolor y movilidad articular como los que realmente fueran intervenidos . Demuestran una vez más la capacidad natural que los seres humanos tenemos para el equilibrio cuando nos comprometemos con un plan de curación. La confianza en este plan es fundamental.

En muchas ocasiones me encuentro con personas que ya han asumido que su enfermedad o la de su animal son incurables. Hubo un día en el que se creyeron esto y desde ese día dejaron de buscar el equilibrio. Creo que todo proceso puede mejorar si se hace con sentido. Sugiero que el cambio de enfoque ante un problema clínico puede traer la solución; este cambio muchas veces abre un camino de aprendizaje que hace que las personas nos volvamos a motivar en nuestro plan de curación.

Por lo tanto, considero que la mejor medicina depende de la situación clínica, el criterio y la confianza del profesional, sumados a la confianza y al sentir del paciente. Es en este trabajo de equipo en donde puede surgir el tratamiento que lleve al
equilibrio hasta en situaciones a priori muy complicadas.

Javier Rocha
Coach para la Identidad y Posicionamiento Personal
Veterinario y terapeuta especializado en terapias naturales.

ralaya.com

*A Controlled Trial of Arthroscopic Surgery for Osteoarthritis of the Knee
J. Bruce Moseley, M.D., Kimberly O’Malley, Ph.D., Nancy J. Petersen, Ph.D., Terri J. Menke, Ph.D., Baruch A. Brody, Ph.D., David H. Kuykendall, Ph.D., John C. Hollingsworth, Dr.P.H., Carol M. Ashton, M.D., M.P.H., and Nelda P. Wray, M.D., M.P.H.
N Engl J Med 2002; 347:81-88July 11, 2002DOI: 10.1056/NEJMoa013259

http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa013259#t=article

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La importancia de la salud intestinal

Una vez, durante un seminario de fin de semana sobre medicina ortomolecular, escuché a un médico decir que las personas se mueren por el intestino. La verdad es que estas palabras poco a poco fueron teniendo sentido para mí cuando entendí y experimenté la importancia del equilibrio intestinal.

Cada vez el número de personas alérgicas y con procesos degenerativos va en aumento. Seguro que conoces un niño asmático o alérgico, a una persona con problemas de piel, reuma u otras enfermedades degenerativas. Y sabes de alguien que tiene un perro con dermatitis atópica, alergia o problemas articulares como artritis, artrosis, etc. Casi siempre que nos encontramos con este tipo de casos la solución parece complicada, en la mayoría de las ocasiones se asume la enfermedad como crónica e incurable.

En el libro La alimentación, la tercera medicina, del doctor Jean Seignalet, se expone de manera brillante por qué nuestra dieta está relacionada con ciertas enfermedades. Él dice que nuestra alimentación actual es muy diferente de la que se realizaba ancestralmente. Pensemos que nuestro cuerpo y nuestra capacidad para digerir los alimentos no han cambiado desde hace dos o tres mil años. Sin embargo, los cereales que consumimos han sido modificados genéticamente, la mayoría de los alimentos que ingerimos son procesados por la industria alimentaria y el abuso de productos refinados, como por ejemplo el azúcar, es habitual en nuestra dieta diaria. Aparte de la mala alimentación tenemos que tener en cuenta el uso de antibióticos y de otros químicos durante este último siglo, que provocan alteraciones en la flora intestinal, necesaria para realizar una buena nutrición.

En el intestino viven unas bacterias beneficiosas que nos ayudan a digerir la comida. Estas bacterias realizan la importante función de fermentar los alimentos y así poder digerirlos. Lo que sucede es que, debido a nuestra alimentación y a nuestro estilo de vida, esta fermentación se convierte en putrefacción. Dichas bacterias son sustituidas por otras no saludables o por el ya famoso hongo cándida. Cuando se produce esta situación en un intestino, se forman una serie de toxinas que acidifican el medio, provocan inflamación intestinal y después pasan al torrente circulatorio.

En la mucosa intestinal se encuentran las Placas de Peyer, que son cúmulos de tejido linfoide. Su función es reconocer, absorber antígenos y patógenos y desencadenar respuestas específicas al antígeno o al patógeno en la mucosa. Dicho con otras palabras, en estos lugares se almacenan y se generan defensas para contrarrestar las agresiones al organismo.

Yo personalmente a las Placas de Peyer me las imagino como una fábrica- almacén que va produciendo y mandando soldados según la necesidad. Entonces veo un intestino al que día a día llegan grandes cantidades de alimentos difíciles de digerir. Las bacterias beneficiosas originales empiezan a estar cansadas y cada vez les cuesta más mantener el equilibrio. Un día aparece un antibiótico y la bacteria beneficiosa cansada se muere. Pasan los días y en el lugar dejado por ella crece otro microorganismo, en este caso un hongo cándida. Éste empieza a tener familia y entre todos cada vez acidifican más el medio, complicando así la supervivencia del resto de las bacterias beneficiosas. Entonces empiezan a aparecer gases putrefactos y bacterias maliciosas, que crecen y crecen dejando arrinconadas a las ya exhaustas bacterias beneficiosas. Entonces tenemos ¡la guerra!, o por lo menos eso es lo que piensan los dirigentes de las Placas de Peyer, que al observar el terreno deducen que están siendo atacados por numerosos microorganismos extraños. El intestino se inflama, las bacterias y las toxinas generadas por su actividad traspasan la pared intestinal, donde se encuentran frente a un ejército de soldados cada vez mayor, que intenta controlar el ataque. Cada soldado (inmunoglobulina) se une a una toxina o bacteria formando una molécula que pasa al torrente circulatorio. Dichas moléculas resultantes de la batalla se distribuyen por el organismo: en primer lugar se acumulan en órganos excretores o de limpieza (riñón, hígado), pero cuando estos están muy sobrepasados se dirigen a otros lugares como las articulaciones, el pulmón o la piel. En esta situación es cuando aparecen enfermedades como asma, dermatitis atópica y problemas degenerativos en articulaciones. En dichos lugares el acumulo de estos complejos (anticuerpo-antígeno) provoca la acidez del entorno y una respuesta inflamatoria que puede manifestar dolor como en la artritis, el reuma y la artrosis.

Según esta realidad, lo que tenemos detrás de ciertos procesos patológicos es un intestino en desequilibrio que está generando toxinas en el organismo. La medicina convencional controla estos procesos con el uso de corticoides, los cuales desinflaman el organismo, pero este trabajo no es curativo. Digamos que los corticoides simplemente lo que hacen es disminuir el número de soldados enviados desde las placas de Peyer, por lo que no se forma el complejo anticuerpo-antígeno. El problema del desequilibrio sigue en el intestino y las toxinas siguen accediendo al torrente circulatorio.

Yo personalmente veo el efecto del corticoide como cuando tenemos la casa sucia y la tenemos que limpiar. Digamos que el corticoide es como cuando barremos para debajo de las alfombras o los muebles. El problema sigue ahí aunque la sensación al observar la casa sea de limpieza. Si seguimos con esta táctica, cada vez iremos acumulando más suciedad a la hora de barrer. Llegará un día que ya no tengamos mas espacio y ese día ya no podremos ver la casa limpia por mucho que barremos y barremos.

Por este motivo tenemos que sacar la suciedad fuera de casa. Esto se hace limpiando el intestino y desintoxicando el organismo al apoyar la función del hígado y del riñón.

En resumen, la mayoría de las enfermedades degenerativas se producen por un exceso de toxinas y por una respuesta desmedida del organismo cuando ya no es capaz de regularse. Durante mi experiencia clínica como veterinario, he visto cómo numerosos procesos patológicos complicados (incluido el cáncer) mejoraban cuando el concepto de limpieza intestinal estaba en el tratamiento, así como la reducción o eliminación de ciertos alimentos como los lácteos, el trigo y otros, dependiendo del animal.

El objetivo de este artículo era introducir la importancia del equilibrio intestinal para la salud, por lo que no voy a describir ningún protocolo de tratamiento. Existen varios en la medicina humana que pueden ser aplicados a la veterinaria, pero en este caso recomiendo el asesoramiento de un profesional, ya que las dosis pueden ser muy variables, dependiendo del animal.

Javier Rocha (veterinario especializado en medicina natural y Coach Transpersonal)
descubreveterinarianatural.com

Para mas información:
veterinarianatural@javierrocha.org