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Medicina con sentido por Javier Rocha


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La importancia de la salud intestinal

Una vez, durante un seminario de fin de semana sobre medicina ortomolecular, escuché a un médico decir que las personas se mueren por el intestino. La verdad es que estas palabras poco a poco fueron teniendo sentido para mí cuando entendí y experimenté la importancia del equilibrio intestinal.

Cada vez el número de personas alérgicas y con procesos degenerativos va en aumento. Seguro que conoces un niño asmático o alérgico, a una persona con problemas de piel, reuma u otras enfermedades degenerativas. Y sabes de alguien que tiene un perro con dermatitis atópica, alergia o problemas articulares como artritis, artrosis, etc. Casi siempre que nos encontramos con este tipo de casos la solución parece complicada, en la mayoría de las ocasiones se asume la enfermedad como crónica e incurable.

En el libro La alimentación, la tercera medicina, del doctor Jean Seignalet, se expone de manera brillante por qué nuestra dieta está relacionada con ciertas enfermedades. Él dice que nuestra alimentación actual es muy diferente de la que se realizaba ancestralmente. Pensemos que nuestro cuerpo y nuestra capacidad para digerir los alimentos no han cambiado desde hace dos o tres mil años. Sin embargo, los cereales que consumimos han sido modificados genéticamente, la mayoría de los alimentos que ingerimos son procesados por la industria alimentaria y el abuso de productos refinados, como por ejemplo el azúcar, es habitual en nuestra dieta diaria. Aparte de la mala alimentación tenemos que tener en cuenta el uso de antibióticos y de otros químicos durante este último siglo, que provocan alteraciones en la flora intestinal, necesaria para realizar una buena nutrición.

En el intestino viven unas bacterias beneficiosas que nos ayudan a digerir la comida. Estas bacterias realizan la importante función de fermentar los alimentos y así poder digerirlos. Lo que sucede es que, debido a nuestra alimentación y a nuestro estilo de vida, esta fermentación se convierte en putrefacción. Dichas bacterias son sustituidas por otras no saludables o por el ya famoso hongo cándida. Cuando se produce esta situación en un intestino, se forman una serie de toxinas que acidifican el medio, provocan inflamación intestinal y después pasan al torrente circulatorio.

En la mucosa intestinal se encuentran las Placas de Peyer, que son cúmulos de tejido linfoide. Su función es reconocer, absorber antígenos y patógenos y desencadenar respuestas específicas al antígeno o al patógeno en la mucosa. Dicho con otras palabras, en estos lugares se almacenan y se generan defensas para contrarrestar las agresiones al organismo.

Yo personalmente a las Placas de Peyer me las imagino como una fábrica- almacén que va produciendo y mandando soldados según la necesidad. Entonces veo un intestino al que día a día llegan grandes cantidades de alimentos difíciles de digerir. Las bacterias beneficiosas originales empiezan a estar cansadas y cada vez les cuesta más mantener el equilibrio. Un día aparece un antibiótico y la bacteria beneficiosa cansada se muere. Pasan los días y en el lugar dejado por ella crece otro microorganismo, en este caso un hongo cándida. Éste empieza a tener familia y entre todos cada vez acidifican más el medio, complicando así la supervivencia del resto de las bacterias beneficiosas. Entonces empiezan a aparecer gases putrefactos y bacterias maliciosas, que crecen y crecen dejando arrinconadas a las ya exhaustas bacterias beneficiosas. Entonces tenemos ¡la guerra!, o por lo menos eso es lo que piensan los dirigentes de las Placas de Peyer, que al observar el terreno deducen que están siendo atacados por numerosos microorganismos extraños. El intestino se inflama, las bacterias y las toxinas generadas por su actividad traspasan la pared intestinal, donde se encuentran frente a un ejército de soldados cada vez mayor, que intenta controlar el ataque. Cada soldado (inmunoglobulina) se une a una toxina o bacteria formando una molécula que pasa al torrente circulatorio. Dichas moléculas resultantes de la batalla se distribuyen por el organismo: en primer lugar se acumulan en órganos excretores o de limpieza (riñón, hígado), pero cuando estos están muy sobrepasados se dirigen a otros lugares como las articulaciones, el pulmón o la piel. En esta situación es cuando aparecen enfermedades como asma, dermatitis atópica y problemas degenerativos en articulaciones. En dichos lugares el acumulo de estos complejos (anticuerpo-antígeno) provoca la acidez del entorno y una respuesta inflamatoria que puede manifestar dolor como en la artritis, el reuma y la artrosis.

Según esta realidad, lo que tenemos detrás de ciertos procesos patológicos es un intestino en desequilibrio que está generando toxinas en el organismo. La medicina convencional controla estos procesos con el uso de corticoides, los cuales desinflaman el organismo, pero este trabajo no es curativo. Digamos que los corticoides simplemente lo que hacen es disminuir el número de soldados enviados desde las placas de Peyer, por lo que no se forma el complejo anticuerpo-antígeno. El problema del desequilibrio sigue en el intestino y las toxinas siguen accediendo al torrente circulatorio.

Yo personalmente veo el efecto del corticoide como cuando tenemos la casa sucia y la tenemos que limpiar. Digamos que el corticoide es como cuando barremos para debajo de las alfombras o los muebles. El problema sigue ahí aunque la sensación al observar la casa sea de limpieza. Si seguimos con esta táctica, cada vez iremos acumulando más suciedad a la hora de barrer. Llegará un día que ya no tengamos mas espacio y ese día ya no podremos ver la casa limpia por mucho que barremos y barremos.

Por este motivo tenemos que sacar la suciedad fuera de casa. Esto se hace limpiando el intestino y desintoxicando el organismo al apoyar la función del hígado y del riñón.

En resumen, la mayoría de las enfermedades degenerativas se producen por un exceso de toxinas y por una respuesta desmedida del organismo cuando ya no es capaz de regularse. Durante mi experiencia clínica como veterinario, he visto cómo numerosos procesos patológicos complicados (incluido el cáncer) mejoraban cuando el concepto de limpieza intestinal estaba en el tratamiento, así como la reducción o eliminación de ciertos alimentos como los lácteos, el trigo y otros, dependiendo del animal.

El objetivo de este artículo era introducir la importancia del equilibrio intestinal para la salud, por lo que no voy a describir ningún protocolo de tratamiento. Existen varios en la medicina humana que pueden ser aplicados a la veterinaria, pero en este caso recomiendo el asesoramiento de un profesional, ya que las dosis pueden ser muy variables, dependiendo del animal.

Javier Rocha (veterinario especializado en medicina natural y Coach Transpersonal)
descubreveterinarianatural.com

Para mas información:
veterinarianatural@javierrocha.org

 

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La eutanasia, ¿ha llegado el momento?

Esta pregunta me la he planteado muchas veces a lo largo de mi vida profesional.

Recuerdo una vez en la que un cliente, al que le tengo un especial aprecio, me llamó para realizarle la eutanasia a su perro. Éste tenía un cuadro clínico extremadamente complicado, presentaba un cáncer de hueso muy severo. Llegué a la casa y observé a los dueños apenados, estaban decididos a dar este último paso debido a la situación, así que accedimos a la zona donde nos esperaba el animal. Cuando lo observé sentí que de alguna manera él aceptaba su situación clínica, pero que aún no estaba preparado para dar ese paso. Esa fue mi sensación, apenas llevaba unos meses trabajando y la verdad es que si se valoraba la situación con un sentido normal, la opción de la eutanasia era la más acertada. Así pues, me dispuse a ello con todo mi cariño. Cuando ya estaba todo a punto, inicié el proceso con una dosis generosa. Lo que sucedió me dejó frío. El animal luchaba contra el eutanásico, por lo que le costaba dormirse. Debido a esto, administré otra inyección, la dosis era ya el doble de lo normal. Con esta, el animal se quedó dormido como si de una anestesia se tratara, pero no dejaba de respirar. Yo permanecía incrédulo, descolocado emocionalmente, no era capaz de asimilar la situación. Entonces pensé en administrar más producto, el problema era que no lo llevaba conmigo. Recuerdo que llamé por teléfono por si algún compañero me lo podía acercar, pero nadie estaba por aquella zona. Así que, resignado, volví al lugar donde se encontraba el animal. Allí, los dueños, que estaban intranquilos como yo, intentaban ayudarme en el proceso porque veían lo mal que lo estaba pasando. Ante esta situación lo que hice fue sentarme al lado de la cabeza del perro y observar su respiración (se encontraba dormido). No tenía más eutanásico, por lo que decidí serenarme y esperar a su lado para ver como evolucionaba. En ese tiempo lo único que me quedaba, tal y como se dice coloquialmente, era rezar. Mientras acariciaba su cara le hablé mentalmente, le pedí perdón por todo lo que estaba pasando y le dije que era libre para marcharse, que sus dueños lo querían y que habían decidido esto porque lo veían sufrir. La verdad es que, después de esto, dejó de respirar.

Desde este día siempre hablo a los animales en el momento de la llegada de su muerte. Con el tiempo me he dado cuenta de que ellos a veces tienen miedo a ese proceso y que no están preparados. Por este motivo, acompañarlos transmitiéndoles tranquilidad y seguridad es muy importante.

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Hubo otro animal que también me dio una lección que nunca voy a olvidar. Ocurrió un sábado, hace cuatro años. A primera hora de la mañana, ingresó de urgencia un perro cruce de sabueso y grifón en estado de shock, con dolor y convulsiones extremadamente fuertes. Los anticonvulsionantes habituales no le hacían nada. La situación era tan complicada que decidí inducir un plano anestésico profundo como último recurso para controlar las convulsiones. A lo largo de la mañana, en cuanto al animal se le suavizaba el efecto del anestésico, volvía a convulsionar. Por los datos clínicos todo pintaba muy mal, así que el dueño me dijo “Javier, haz lo que consideres oportuno, lo dejo en tus manos”.

El plan consistió en ir viendo cómo evolucionaba a lo largo de la jornada. Eran las seis de la tarde y la situación continuaba sin mejorar. Es más, empeoraba, se necesitaban mayores dosis de medicación para mantener las convulsiones y triples dosis de fuertes analgésicos. Conmigo estaba mi gran amigo Jaime, también veterinario, que había venido a hacerme una visita de las suyas. Ante esta situación, la eutanasia parecía lo indicado. Como había tenido otras experiencias anteriores y ya había desarrollado por esa fecha un buen método de testaje, decido realizar un test radiestésico al animal. El resultado era que quería la toma de dos homeopáticos y ni hablar de la eutanasia. Decidimos confiar en lo testado y así lo hicimos. A las dos horas no nos lo podíamos creer, el perro estaba despierto, sentado y no convulsionaba. Recuerdo perfectamente su mirada fija puesta sobre nosotros.Yo, incrédulo escuché a mi amigo Jaime decir “Ahora sí creo en estas cosas”. Al día siguiente, el perro caminaba y el dueño no se explicaba cómo podía hacerlo. Este animal vive a día de hoy.

He hablado de dos casos en los que la eutanasia parecía la solución ideal y después se vio que no era así. Existe también la situación en la que un dueño no deja que su animal se vaya. Esto lo he vivido muchas veces, el apego de la persona y el miedo a la muerte hacen que este proceso sea más difícil. Durante el mismo, he visto cómo algunos animales simplemente están esperando a que su dueño esté preparado. Normalmente, cuando la persona acepta la situación, el desenlace es armonioso. Si, digo armonioso. Ver y sentir cómo dejan este mundo es una lección que nos regalan con todo su amor.

Estas palabras están basadas en la experiencia de una persona llamada Silvia, hacia la cual siento una gran admiración. Silvia tenía dos perritas (kopy y Badú), durante estos tres últimos años he visto cómo cada día aprende de la convivencia con sus animales. Recuerdo como fue el proceso cuando se murió Kopy (Badú, a día de hoy, vive). Días antes, Silvia estaba nerviosa porque intuía que su compañera llegaba a su fin. Preocupada por su animal, me llamó y comentó la situación. Yo, que conocía bien el caso, decidí hacer un testaje y darle la información que había sentido. Le di un tratamiento muy emocional con esencias florales y homeopatía para preparar a la perrita, ya que por mi experiencia, los animales tratados con estas terapias naturales afrontan de una manera muy equilibrada el proceso de la muerte. Hablé con Silvia y le dije que teníamos que estar tranquilos y esperar a que kopy marcara sus pasos.

En estos casos siempre recomiendo que nosotros, las personas, hablemos con nuestro animal para darle las gracias por su compañía y por todo lo vivido; después, que le pidamos perdón por si alguna vez no hemos hecho las cosas bien; y por último, lo liberemos de nuestro lado diciéndole que es libre para marcharse. Creo que estas tres cosas son muy importantes en este proceso de despedida. Silvia hizo todo esto, pero su intranquilidad con la muerte en general hacía que estuviese un poco asustada. Dos o tres días después, me llamó para decirme que su perrita se acababa de morir en casa, que lo había hecho de una manera tranquila y hermosa, sin sufrimiento. Simplemente se había ido con mucha serenidad. Sentí una emoción inmensa por la lección que Kopy nos acababa de dar. Recuerdo muy bien que Silvia me dijo “Javi, mi concepto sobre la muerte ha cambiado”.

Muchas veces los seres humanos tenemos la oportunidad de aprendizaje personal de ver morir a nuestras mascotas. Si, suena duro, pero si lo reflexionas verás que nos enseñan tanto acerca de este proceso que nos ayudan a asimilar la muerte como un paso más de la vida. Este fue el caso de Silvia y otras personas con las que compartí momentos similares.

 

Para finalizar, me gustaría resumir la respuesta a la pregunta planteada en el título de este post. La eutanasia puede ser necesaria en determinadas ocasiones, ya que evita sufrimientos innecesarios. En ocasiones, el propietario retrasa esta decisión porque no quiere separarse de su animal y porque tiene un concepto de la muerte equivocado, en el que el miedo está muy presente. En estos casos suele haber síntomas de que el animal no quiere seguir aquí, por ejemplo no come, rechaza las medicaciones, está triste, pasivo, no mueve la cola, etc. Otras veces nos precipitamos en esa decisión porque pensamos que por tener una enfermedad incurable o que al animal apenas le quedan quince días, no merece la pena seguir. Para nosotros son quince días, pero para tu animal pueden ser muy importantes ya que, durante estos, es cuando él se prepara, se despide y nos puede dar su última lección. Como sé que en esos momentos es difícil saber tomar la decisión acertada, yo siempre digo que confiéis en vuestra sensación más interna, no os dejéis influir por la mente o por lo que otras personas ajenas digan. Y recordad que, sea cual sea la decisión que toméis, existen tres acciones que considero fundamentales:

Dar las gracias a vuestro animal por haber compartido su vida con vosotros y por todo lo aprendido a su lado.

Pedirle perdón por si nos hemos equivocado alguna vez con él, incluso si a lo mejor en ese momento nos equivocamos con nuestra última decisión.

Por último, recordadle su libertad para marcharse y así ofrecerle nuestro verdadero amor.

Estas tres acciones, que considero fundamentales, han hecho que la tranquilidad esté conmigo siempre ante una situación donde la muerte está presente. Sé que a muchos de mis clientes también les ha ayudado y he podido ver cómo el proceso de la muerte (bien sea asistido o no) ha sido liberador. Recuerda que cuando llegue el momento en que tu animal esté cercano a su último paso, será una excelente oportunidad para ofrecerle todo tu verdadero amor y crecer como persona.

Javier Rocha ( veterinario especializado en medicina natural y Coach Transpersonal)

descubreveterinarianatural.com

Para mas información: veterinarianatural@javierrocha.org

 


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Milú: el fugitivo

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Era una tarde de Octubre del 2013 en la clínica, estábamos de relax después de un buen día de trabajo, cuando de repente entró un perro a toda velocidad,no paraba quieto y olisqueaba a toda prisa. Su dueña que se llama Irma, con cara de desesperación nos dijo: ” es que no sé qué hacer con él. Cuando se acelera , se escapa corre y corre y ya no me hace caso”.
Yo lo miré y dije “pero si tenemos a un fugitivo, ¿de qué escapas ?”. Milú seguía de un lado a otro sin parar mientras tanto Irma nos contaba su historia.

Milú es un perro adoptado después de haber sido abandonado dos veces. Su edad rondaba los tres años y medio. Desde siempre el principal problema de convivencia era su comportamiento. Él era un perro nervioso, ansioso, no le gustaba quedarse solo en casa y a la hora del paseo se escapaba corriendo sin dirección alguna. En varias ocasiones no sabían de él en todo el día. Esto acarreaba un estrés a su dueña, ya que en el momento del paseo podía ser el inicio de una aventura descontrolada. Decir que Milú no mostraba agresividad, simplemente corría y corría sin control.

La verdad que al observar a Milú recordé la descripción que la veterinaria Coral Mateo hace en su libro Homeopatía veterinaria sobre el rasgo de personalidad de Argentum nitricum. La palabra fugitivo es la adecuada para comprender a este tipo de perros. Son animales neviosos, ansiosos, con mucha energía; por lo normal no les gustan los espacios cerrados. Esto provoca que en numerosas ocasiones al salir del coche, en cuanto pueden, corren y corren. Es como si tuvieran que liberar toda la energía que fueron acumulando durante el trayecto en el vehículo. Por supuesto la casa también se les hace pequeña, pues cuando pisan la calle ponen pies en polvorosa. Son muy reactivos si se ponen malos, lo hacen a reacción, es muy singular la diarrea verdosa como una fuente que como síntoma físico muestran en varias ocasiones.

Se le receto argemtun nitricum a la 30 ch dos veces al día durante una semana.
A los 15 días , Milú nos visitó. Irma nos dijo que su perro era otro, que se había equilibrado. Ya no salía corriendo, respondía a las llamadas y su comportamiento era mas suave.

Viendo que argentum nitricum a la 30 ch había conseguido equilibrar a Milú ,se le dió durante otra semana argentun nitricum 200 ch dos veces al día para llegar a un nivel más sutil,que equilibrara de forma mas contundente a Milú. El resultado fué el esperado, se equilibrió y sin necesidad de medicación su comportamiento se volvió armónico.

Tres meses después Milú regresó a consulta porque había sufrido un episodio compatible con un ataque epiléptico (que coincide con el emocional descrito anteriormente). Se le recetó lachesis 30 ch por las mañanas, argentum nitricum 200 ch por las noches como tratamiento de fondo y un compuesto ortomolecular para mejorar la función del hígado ( durante mi experiencia he podido comprobar como apoyando la capacidad desintoxicadora del hígado este tipo de pacientes mejoran). Otra vez más el resultado fue el esperado , la epilepsia no se repitió y Milú recuperó su equilibrio.
Milú es un caso clínico en el cual la solución fue sencilla, la homeopatía funcionó a la perfección. De todas maneras me gustaría destacar un factor que, aparte de la capacidad resolutiva de la homeopatía ,creo que ayudó en la curación de Milú: la comprensión de su carácter. Cuando yo dije la palabra fugitivo ,Irma entendió como Milú vivía su vida. Esta comprensión del proceso la considero vital para solucionar muchos problemas. Comprender nos hace olvidarnos de la desesperación y entender el por qué de las cosas. Nuestra percepción del problema cambia y yo creo que esto ayuda al bienestar. Pienso que detrás de cualquier proceso patológico en nosotros mismos o en nuestros animales está la oportunidad de aprender y de hacernos conscientes de nuestra naturaleza física, emocional y mental.

Javier Rocha ( veterinario especializado en medicina natural y Coach Transpersonal)

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veterinarianatural@javierrocha.org